Darwin, el viaje de un naturalista alrededor del mundo

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Le voyage de Darwin


Etapa 1
27 de diciembre de 1831

Plymouth, costa suroeste de Inglaterra. Bloqueado desde hace más de un mes por el mal tiempo, un velero de 240 toneladas de arqueo, fletado por el almirantazgo británico, sale finalmente del puerto: se trata del HMS Beagle . A su bordo, 76 tripulantes y pasajeros; entre ellos, uno que revolucionará nuestra visión del mundo vivo.
En ese momento, Charles Darwin solo tiene 22 años y es un joven entusiasta y novato. Es el naturalista de la expedición y colectará muestras durante todo el viaje. Robert FitzRoy, capitán de la Marina Real, 4 años mayor que Darwin, es el responsable de esta expedición alrededor del mundo. El objetivo principal de la tripulación no es el estudio de la flora, la fauna o los fósiles. Se trata de recoger datos cartográficos y proseguir con las medidas cronométricas empezadas durante el primer viaje del Beagle de 1826 a 1830. Tres pasajeros muy atípicos participan también en la aventura: son los ‘salvajes’ de Tierra del Fuego, punta sur del continente suramericano, que fueron obligados a embarcarse durante la misión anterior. Después de haber recibido algo de educación ‘a la inglesa’, van a volver a su tierra.
Darwin, ‘el filósofo’, como lo llamarán rápidamente los marinos, se encuentra en esta expedición un poco por casualidad. Recientemente diplomado de Cambridge donde cursó estudios para ser pastor, reforzados por cursos de botánica y geología, Darwin no debía participar en este viaje. Pero el naturalista elegido rechazó la invitación y, así, se presenta una oportunidad increíble para Darwin.
Hijo y nieto de médicos, empezó la carrera de Medicina que abandonó por ser demasiado sensible. Pero su gusto por la naturaleza, la biología y la geología quedó intacto, interés que parecía compartir con su abuelo, como se demuestra en el libro Zoonomía donde se anuncian los principios del evolucionismo. En 1831, gracias a trabajos científicos tales como los de Mauterpuis, Buffon y Lamarck, ya está vigente la teoría según la cual las especies evolucionaron adaptándose a su medio, pero sólo se trata de hipótesis para la comunidad científica de la época. Así, el viaje del Beagle será determinante porque esta experiencia única llevará a la publicación, 28 años después, del libro El origen de las especies en el cual Darwin expone el mecanismo de la evolución mediante su teoría de la selección natural. Este libro provocará un verdadero escándalo por poner en duda el dogma religioso vigente según el cual cada especie viva fue creada por Dios y no cambió desde su creación. ¡Y pensar que el capitán FitzRoy estuvo a punto de rechazar al joven Charles solamente porque la forma de su nariz no le parecía demostrar suficiente energía y determinación para tal aventura!
Pero en este final del mes de diciembre, Darwin está muy lejos de adivinar la revolución que iría a provocar. Joven naturalista explorador, algo diletante pero con un sentido agudo del detalle, sólo piensa en la próxima etapa, listo para anotar todo en su pequeño cuaderno amarillo. Rumbo a las Islas Canarias, al oeste de Marruecos.



Etapa 2
Del 27 de diciembre de 1831 al 28 de febrero de 1832

Darwin empieza la expedición con un horrible mareo mientras el Beagle se dirige hacia la ciudad de San Salvador de Bahía, en Brasil. El 6 de enero, el buque está a punto de atracar en Tenerife, la isla más grande de las Canarias, frente a las costas de Marruecos. Pero el Beagle se enfrenta a un problema: las autoridades locales le deniegan la autorización para atracar, temiendo que la tripulación traiga a la isla el cólera que hace estragos en Inglaterra. El joven naturalista, quien soñaba con visitar la isla, está muy decepcionado. El capitán FitzRoy decide, entonces, zarpar con destino a las Islas de Cabo Verde, a la altura de Senegal. Los exploradores llegan a destino el 16 de enero y echan anclas en Porto-Praia, en la devastada isla volcánica de San-Iago.
Para Darwin ha llegado la hora de las primeras observaciones, pero también la de las interrogaciones. En efecto, una larga faja de caliza perfectamente horizontal, ubicada muy por encima del nivel del mar, le llama la atención. Los restos de caracoles que contiene la faja demuestran que antes estaba inmersa. ¿Pero cómo llegó allí? Si unos movimientos volcánicos violentos hubieran provocado esta elevación, habrían roto esta larga faja. La ‘tesis de movimientos lentos’, sobre periodos muy largos, propuesta por el geólogo Charles Lyell, de quien Darwin es adepto, parece corresponder bien a este caso particular. ¡Apenas tienen tiempo para reunirse con algunos autóctonos y observar algunos animales… que ya el velero vuelve a zarpar! Tras dos rápidas escalas en los Peñascos de San Pablo, infestados de tiburones, y en la Isla de Fernando de Noronha, quemada por la sequía, el Beagle entra en el puerto de Bahía el 28 de febrero de 1832.


Etapa 3
Del 28 de febrero al 5 de julio de 1832

Al llegar a Bahía, Darwin cae rápidamente bajo el encanto de la exuberante selva brasileña. Los insectos hacen tanto ruido que los puede oír desde el buque. ¡Y eso que ha echado anclas a centenas de metros de la costa! Charles aprovecha esta escala de una quincena de días para explorar los alrededores. Le intriga la geología del lugar, en particular las rocas graníticas porque los materiales que las componen le hacen pensar en la posibilidad de un origen marino. Le divierte mucho un pez globo capturado cerca de la costa. ¡Este pez poco común puede hincharse hasta convertirse en una suerte de bola! Darwin se pregunta de qué naturaleza podrá ser la sustancia rojo-carmín que secreta el pez cuando se le toca el vientre. En cambio, lo que no le agrada tanto como al capitán FitzRoy, que es partidario de la esclavitud, es la condición de los negros que ha observado en la ciudad. Esta discrepancia provoca una acalorada controversia entre los dos hombres. Furioso, FitzRoy le prohíbe a Darwin compartir su mesa. Consciente de haberse dejado llevar por la ira, levantará rápidamente la sanción. Sus iras son frecuentes pero breves.
El 18 de marzo, el Beagle deja Bahía, rumbo a Río de Janeiro. En el camino, el buque pasa por las islas Abrolhos donde el océano toma un color castaño-rojizo inusual. Estudiando con lupa una muestra de esta agua extraña, Darwin observa pequeñas plántulas dispuestas en manojos cilíndricos. Llamadas ‘serrín de mar’ por los marineros, generan este color tan peculiar sobre distancias que pueden alcanzar varios kilómetros.
A principios de abril, el buque echa anclas en Río de Janeiro. Darwin se va a caballo con unos compañeros a explorar los alrededores. Bajo un calor sofocante entrecortado por lluvias torrenciales, recoge una gran diversidad de plantas, insectos y otros animales. A veces hace falta un machete para abrirse paso en la selva. En el camino, los hostales ofrecen generalmente un servicio rudimentario: pueden carecer de tenedores, cuchillos y cucharas. ¡De vez en cuando, los exploradores tienen que matar las gallinas a pedradas para poder cenar! Durante este corto periplo, algunos miembros de la tripulación deciden separarse para explorar la región del Macacu por su cuenta. Más tarde, tres de ellos fallecerán, probablemente víctimas del paludismo.
De vuelta a Río de Janeiro, Darwin reside en una pequeña casa de campo situada en la magnífica bahía de Botafogo. Aprovecha la ocasión para estudiar la fauna local: gusanos planos, ranas cantoras, moscas luminosas, mariposas ‘aventureras’, arañas, hormigas, etc. Darwin se da cuenta de que las relaciones entre ciertas plantas e insectos se parecen a las que existen en Inglaterra, aunque las especies sean diferentes.
El 5 de julio, el buque zarpa para Montevideo, Uruguay.



Etapa 4

Del 5 de julio al 27 de noviembre de 1832

El trayecto del Beagle entre Río de Janeiro y Montevideo está marcado por la presencia de marsopas, focas, pájaros bobos y fuegos artificiales naturales. Todavía mareado, Darwin se alegra de que su buque ancle el 26 de julio. Algunos días más tarde, el jefe de policía local recluta a los miembros de la tripulación para calmar una sublevación en Montevideo. En la ciudad, la situación está tensa. El joven naturalista envía a Inglaterra su primer lote de especímenes colectados desde el principio del viaje, con cierta aprensión en cuanto al interés que despertará este envío entre los especialistas británicos.
El buque empieza la exploración de las costas de la región, lo que le permite a Darwin efectuar varias expediciones en el interior de las tierras donde abundan animales a veces extraños: roedores ciegos, enormes carpinchos, ciervos olorosos, pájaros burlones, papamoscas cómicos, sapos diabólicos, carroñeros repugnantes, lagartos-serpientes, ñandúes veloces, perdices estúpidas, pumas, llamas, etc. También descubre el mundo de los gauchos, granjeros locales que manejan el lazo a las mil maravillas y que dirigen a caballo inmensas manadas a través de las pampas. Compartirá con ellos platos exóticos para un inglés de aquella época. Como menú: ¡ñandú y armadillo!
Darwin pasa varias semanas colectando fósiles en Punta Alta, verdadera catacumba de monstruos pertenecientes a especies extinguidas. Descubrirá inmensos huesos fosilizados de Megatherium, Megalonyx, Scelidotherium y Mylodon. Darwin descubre con sorpresa que algunos de estos enormes mamíferos prehistóricos desconocidos presentan extrañas similitudes con el armadillo actual. Este descubrimiento fundamental reforzado por el descubrimiento de la osamenta de Toxodon en el mismo sitio, lo conducirá a replantearse la inmutabilidad de las especies. En efecto, este animal extinguido es extraño en muchos aspectos: tamaño de elefante, dientes de roedor, caracteres anatómicos de paquidermo y de animal acuático. A Darwin le sorprenderá mucho encontrar en el seno de un solo y único animal las características de ciertas especies actuales tan distintas. Este santuario extraordinario tiene otra particularidad. En efecto, todos estos fósiles están mezclados con conchas que difieren muy poco de las de su época. Lo que confirma una de las teorías del geólogo Charles Lyell según la cual la longevidad de las especies de mamíferos es menor a la de las especies de moluscos. En otoño, nuestro aventurero recibe por correo un ejemplar del segundo volumen de los Principios de geología de Lyell, libro que esperaba con mucha impaciencia. Pero por ahora, al capitán FitzRoy le cuesta mucho entender el interés de atiborrar el buque con todos estos ‘desechos’ que, según él, ¡no tienen ninguna utilidad!
A principios de septiembre, Darwin, FitzRoy y Harris, un comerciante local inglés que les sirve de guía, permanecen un tiempo en la fortaleza militar Fuerte Argentina. El comandante del lugar los acoge con suspicacia, en particular a este naturalista cuya misión no entiende. Sospechando que podrían ser espías, ordena a sus soldados que los vigilen las veinticuatro horas del día. Durante estas incursiones terrestres, Darwin se sorprende por la vegetación local generalmente caracterizada por vastas llanuras herbáceas: la famosa pampa. ¿A qué debe atribuirse la escasez de árboles en esta región? ¿A la fuerza de los vientos? ¿Al tipo de drenaje? Estas hipótesis no le convencen mucho. Si, como piensa Darwin, el índice de humedad anual determina la presencia de los bosques, el área debería estar cubierta por árboles…
En noviembre, de paso por Buenos Aires, le asombra el aspecto europeo de la ciudad. Aprovecha la ocasión para ir al teatro, un paréntesis de vida social en esta ruda aventura masculina. ¡La belleza de las ‘señoritas’ de este puerto suramericano no lo deja indiferente! Poco antes de la salida del Beagle para su próxima gran etapa, Charles envía su segundo lote de especímenes a Inglaterra: osamentas de Punta Alta, algún pájaro extraño, serpientes, caracoles y crustáceos, plantas, pescados, sapos, semillas, coleópteros, etc. ¡La lista es impresionante!
El 27 de noviembre, el velero zarpa del puerto de Montevideo y pone rumbo a Tierra del Fuego, en la punta sur del continente. El encuentro con los indígenas será memorable…



Etapa 5

Del 27 de noviembre de 1832 al 26 de abril de 1833

Desde el 27 de noviembre de 1832, el buque viaja con rumbo a Tierra del Fuego, punta sur del continente americano. Los tres fueguinos tomados como rehenes durante el viaje anterior del Beagle van a reunirse con los suyos. Al ver pasar el buque, algunos nativos pegan saltos, agitan sus andrajos y lanzan un largo y sonoro aullido…
La acogida será más que sorprendente. Para contener la inquietud palpable de los indígenas, los exploradores les regalan pedazos de tela color rojo-escarlata, que en el acto se atan al cuello. El ambiente se calma. En señal de amistad, un anciano con un tocado de plumas y el rostro extrañamente pintarrajeado acaricia el pecho de Darwin, haciendo ruidos extraños como cloqueos. Pero los habitantes del lugar están desconcertados por estos hombres de piel blanca y larga barba. Además, algunos de ellos incitan a uno de los antiguos rehenes a afeitarse. Este último ha olvidado casi completamente su lengua materna y se avergüenza bastante del comportamiento de sus congéneres. Cabe decir que están muy lejos de las buenas costumbres que se les inculcaron en Inglaterra. ¡Sólo un fino abrigo de piel de guanaco, especie de llama suramericana, cubre apenas sus cuerpos desnudos! El asombro aumenta aún más cuando algunos miembros de la tripulación se echan a bailar y a cantar. La sorpresa no tarda en convertirse en terror cuando los indígenas advierten las armas de fuego que parecen conocer. ¡Sorprendentemente, los ‘salvajes’ imitan perfectamente los ademanes e incluso algunas palabras de los miembros de la tripulación! El clima es duro y agitado en esta región montañosa cubierta por selvas inhóspitas y, en parte, sumergida. El Beagle lo experimentará amargamente al surcar las costas de las numerosas islas de Tierra del Fuego. Una serie de tempestades azota el buque. Una de ellas los obliga a atracar a toda prisa en el pequeño puerto de Wigwam Cove cerca del Cabo de Hornos, y a pasar la navidad allí. A mediados de enero del año 1833, FitzRoy, que se dedicó personalmente a educar ‘a la inglesa’ a los tres fueguinos de la tripulación, decide ponerlos a dirigir una misión a orillas del Estrecho de Ponsonby. Allá, los ingleses construyen viviendas rudimentarias, aran y siembran dos huertas. Unos días después, al regresar de una excursión por la región, constatan que el lugar ha sido saqueado. A los antiguos rehenes les cuesta evitar el desenfreno de sus compañeros. Parece que FitzRoy no va a ganar su apuesta… ¿Conseguirán los tres fueguinos anglicanizados traer una pizca de civilización occidental a esta remota tierra? El veredicto caerá en invierno de 1834 cuando el Beagle volverá a pasar por Tierra del Fuego. Pero por ahora, el buque navega hacia el este, mar adentro, rumbo a las Islas Malvinas.
El 1 de marzo, el buque echa anclas en el Puerto San Luis. En esa época estas islas desoladas están bajo dominación inglesa. La tripulación descubre con asombro que el oficial está a la cabeza de una población cuya mitad se compone, por lo menos, de rebeldes y asesinos. Sin embargo, la isla es mucho más acogedora que Tierra del Fuego: animales, peces y hortalizas europeas conforman una abundante despensa. Durante las incursiones de Darwin por el interior de las tierras, le intrigan ciertas diferencias entre las especies de Malvinas y las observadas en el continente suramericano... La comparación minuciosa de las plantas, animales y fósiles recolectados durante el viaje le proporcionará ulteriormente abundante información sobre la manera en que las especies similares se adaptan a ambientes diferentes. En marzo, una goleta llamada Unicorn llega al puerto. FitzRoy la compra y la vuelve a bautizar Adventure, con el fin de usarla como nave de apoyo al Beagle para realizar relevamientos cartográficos. No notificará esta compra a sus superiores que permanecen en Inglaterra, error que luego habrá de pagar...
El 6 de abril, el Beagle parte rumbo a la costa este de Suramérica. El 26 de abril, regresa a Montevideo, puerto del que zarpó hace cinco meses.




Etapa 6

Del 26 de abril al 6 de diciembre de 1833
El 26 de abril, después de varios meses de aventura entre Tierra del Fuego y las Islas Malvinas, el Beagle llega a Montevideo. Para Darwin, es el principio de una larga serie de excursiones terrestres, llenas de descubrimientos y peripecias. Primer destino: el pueblo de Maldonado, cerca del cual, la víspera, se asesinó a un viajante de Montevideo... A pesar de eso, Charles se queda varias semanas en este lugar poblado por manadas de ñandúes. Recoge numerosas especies de aves y reptiles así como varios cuadrúpedos para su colección. A algunas millas del pueblo, se interesa por tubos vitrificados y silíceos que se forman al contacto de los rayos y de la arena. Al estudiar su tamaño y su número, nuestro naturalista llega a la conclusión de que son el resultado de una poderosa descarga eléctrica cuya chispa se dividió en dos antes de alcanzar el suelo.
La diferencia cultural con la población es sorprendente como lo demuestra la sorpresa de algunos nativos al ver la brújula de Darwin. ¿Cómo un hombre que no conoce la región puede indicar el camino para ir a tal o cual lugar? Estos autóctonos, que confunden Inglaterra con América del Norte, le hacen una multitud de preguntas, como por ejemplo: ¿es el Sol o la Tierra que se mueve? ¿Hace más calor o más frío en el norte? ¿Dónde queda España? ¡Están fascinados por este inglés educado que puede producir fuego frotando un fósforo sobre sus dientes!
A fines de julio, Darwin envía a Inglaterra un tercer lote de especímenes que contiene 80 aves, 20 cuadrúpedos, numerosas pieles y plantas, muestras geológicas y de peces. Para llevar a cabo esta colección que cobra cada vez más importancia, recluta a un miembro de la tripulación, Syms Covington, para ayudarle… Por supuesto, ¡con la aprobación del único maestro a bordo, el capitán FitzRoy! Esta colaboración con Covington durará hasta 1839, después de terminar la expedición. A principios de agosto, Darwin sale a explorar las orillas del Río Negro con unos gauchos. Así, Charles descubre la vida de estos ‘jinetes-campesinos’ y disfruta de la sensación de libertad total de este estilo de vida. Pero también es una vida peligrosa. Frecuentemente, las granjas se ven atacadas por tribus de indios muy agresivos. Para defenderse, el gobierno levantó un ejército bajo el mando del despótico general Rosas, que Darwin conocerá a mediados de agosto al llegar a las orillas del río Colorado. Pero le choca muchísimo la brutalidad de los soldados que no vacilan en exterminar a las mujeres indias ni en tomar a sus niños como esclavos. En efecto, en ese momento ocurre una verdadera guerra de exterminación en el país. Como todos los blancos, nuestro naturalista es una víctima potencial para los indios rebeldes, y por eso actúa siempre con mucha prudencia durante sus excursiones.
Durante una de ellas, Charles se asombra de que los animales logren sobrevivir en el agua salobre, fangosa y fétida de los lagos salados de la región. Eso prueba que existen seres organizados que son capaces de adaptarse y prosperar en los ambientes más hostiles.
La inestabilidad política alcanza su paroxismo en esta región gangrenada por la corrupción. En octubre, Darwin queda bloqueado en Buenos Aires durante dos semanas a causa de la rebelión rosista contra el poder establecido. Pero esto no le impide trabajar. Durante este viaje de más de siete meses, afrontando la sequía y la sed, el naturalista observa numerosos animales: armadillos, ñandúes, serpientes, aves zancudas, lagartos, peces, aves pico tijera, vizcachas, papagayos, perdices, bueyes, búhos, cisnes con cuello negro, batracios y pumas de los que probará la carne.
Darwin también observa la flora muy atentamente. Se sorprenderá por la cantidad de cardos europeos que han invadido realmente ciertas regiones y por la existencia de verdaderos e impenetrables campos de cardos gigantes. Su interés por las osamentas de animales prehistóricos también estará colmado: cabezas de Mylodon y Toxodon, inmensos esqueletos de mastodontes extinguidos, caparazón de un animal gigantesco que se parece increíblemente al armadillo actual, diente de un caballo fósil, etc. Además de los restos de mamíferos extinguidos que Darwin ha descubierto en Punta Alta, todas esas osamentas lo hacen cuestionarse sobre el dogma religioso según el cual las especies no evolucionaron desde que Dios las creó.
El 6 de diciembre, el Beagle zarpa definitivamente de Montevideo. El viento lo lleva hasta la punta sur del continente, antes de pasar al Pacífico.



Etapa 7

Del 6 de diciembre de 1833 al 10 de junio de 1834
El 6 de diciembre, el Beagle sale definitivamente de Montevideo. Una noche, frente a la costa este de Suramérica, el buque se encuentra rodeado por una nube impresionante de mariposas que se extiende hasta el horizonte. Los marineros gritan que ‘nievan mariposas’. Darwin busca una explicación a su presencia tan lejos de la costa: ¿han sido llevadas por el viento?, ¿se trata de una gran migración? Pero no hallará respuesta.
El 23 de diciembre, el buque echa anclas en Puerto Deseado, Argentina. La aridez del lugar limita de manera drástica la diversidad de la fauna y flora. Sólo algunos cactus, matorrales espinosos, guanacos, escarabajos, lagartos y aves, parecen vivir en estas tierras salvajes. Caminando por esta región, Darwin descubre una antigua tumba india. El 9 de enero, el velero hace escala en el lindo y gran puerto de San Julián, ubicado a menos de 200 kilómetros al sur de Puerto Deseado. Pero los alrededores parecen aún más estériles. Nuestro naturalista, el capitán FitzRoy y algunos miembros de la tripulación salen a explorar las cercanías. Caminarán durante once horas sin encontrar ni una gota de agua dulce. No la encontrarán tampoco durante toda su estadía. Cerca del puerto, Darwin encuentra un esqueleto de Macrauchenia patachonica, paquidermo extinguido cuyos huesos del cuello se parecen a los de la llama. Charles se pregunta por qué se extinguieron todas las especies cuyos huesos encontró desde el principio de su viaje. Destrucción por el hombre, competencia entre especies, extinción natural, etc. Darwin se plantea varias hipótesis.
A fines de febrero, el Beagle llega a la altura de Tierra del Fuego, en la punta sur del continente. Es la hora de la verdad para el capitán FitzRoy: ¿los tres autóctonos a los cuales les dio una educación en Inglaterra lograron dirigir la misión del año anterior y ‘civilizar’ a sus semejantes? El 5 de marzo, el buque echa anclas en Woollya. La misión está vacía, parece que hubo una batalla… Un fueguino casi desnudo llega en un pequeño bote. Es Jemmy Button, uno de los tres autóctonos anglicanizados. Volvió totalmente a la vida salvaje y se muestra bastante avergonzado ante los miembros de la tripulación. Les informa que los otros dos fueguinos educados por FitzRoy huyeron robando sus objetos personales. El capitán perdió su apuesta. Su único consuelo es que Jemmy ha enseñado algunas palabras de inglés a su tribu. Pero no quiere volver a Inglaterra porque ahora tiene una preciosa mujer a su lado. La despedida es emocionante…
El 16 de marzo, el Beagle se detiene en el estrecho de Berkeley, en la isla oriental de las Malvinas. Frío, vientos y tormentas de nieve acompañan las excursiones de Darwin por las tierras húmedas pobladas de gansos salvajes, patos patosos, pingüinos borricos, zorros, conejos y algunas aves. Dos especies recién introducidas despiertan la curiosidad del naturalista: bovinos y caballos. Mientras que los primeros parecen perfectamente adaptados a su nuevo ambiente, los segundos quedan restringidos extrañamente a una parte de la isla y parecen degenerar. A Charles también le llama la atención la presencia de miles de grandes fragmentos angulosos de roca que forman verdaderos ‘ríos de piedra’, testimonios de un colosal y antiguo terremoto. Sin embargo, no hay ninguna huella de tal terremoto en los registros históricos…
El 13 de abril, el Beagle llega a la desembocadura del río Santa Cruz, en la costa argentina. El 18, Darwin, FitzRoy y una veintena de miembros de la tripulación salen a explorar el río misterioso a bordo de tres balleneros. ¡Pero la corriente es tan fuerte que los hombres tienen que desembarcar rápidamente para remolcar las embarcaciones con cordajes! Los aventureros avanzan muy lentamente, con gran cansancio, bajo la mirada aguda de los cóndores que planean por encima de ellos. Y para colmo, ciertas huellas de caballos y lanzas indican que algunos indios los siguen... A pesar de todo, nuestro joven naturalista se apasiona por el estudio de las estructuras geológicas que lo rodean. Sus observaciones lo convencen de que los acantilados que bordean el río y la propia Cordillera de los Andes son el resultado de un lento movimiento de elevación desde el nivel del mar. El 4 de mayo, los víveres escasean y el río Santa Cruz se vuelve más rápido y tortuoso. FitzRoy decide dar media vuelta, renunciando al objetivo de alcanzar las montañas andinas que ya enfrían mucho el aire. Tardan diecisiete días para subir, ¡y sólo tres días para bajar!
Durante la segunda quincena de mayo, el velero llega a la desembocadura oriental del estrecho de Magallanes, paso entre el Atlántico y el Pacífico sur. El buque hace escala en Puerto del Hambre el 1 de junio, a principios del invierno. Las selvas oscuras y húmedas cubren las laderas de las montañas coronadas de glaciares. En la mañana del 10 de junio, después de una noche muy oscura de catorce horas, el Beagle llega al Pacífico.



Etapa 8
Del 10 de junio de 1834 al 4 de febrero de 1835

El 10 de junio por la mañana, el Beagle se lanza al Pacífico. Tras haberse parado en las islas Chiloé azotadas por la lluvia, el buque se dirige hacia la ciudad chilena de Valparaíso, a donde llega el 23 de julio. Los exploradores se quedarán casi tres meses y medio en esta parte de la costa de Chile. Allí, las numerosas expediciones que llevarán a cabo al pie de los Andes maravillarán a Darwin.
Al norte del puerto de Valparaíso, observa grandes capas de restos de caracoles situadas a algunos metros sobre el nivel del mar. A nuestro naturalista le parece obvio que toda esta línea de costa ha sido levantada. Asimismo, nota que se excavaron numerosas minas, como consecuencia de la fiebre del oro que se propaga en todo el país. En Jajuel y en Yaquil, encuentra mineros pálidos, que pasan todo el día en estos subsuelos ricos en minerales. ¡En este contexto de pobreza extrema, Darwin encuentra a un anciano que no entiende por qué Inglaterra envía a un hombre a Chile sólo para perseguir lagartos y escarabajos y romper piedras! La vegetación del país es escasa: palmeras feas, plantas parecidas a cactus, huertas y acacias desmedradas. La fauna tampoco abunda. Sin embargo, a Darwin le divertirán algunos pájaros tales como el Tapaculo que muestra su trasero, el ridículo Turco con sus gritos ensordecedores y un colibrí muy rápido. En cambio, los pumas son mucho menos divertidos. Incluso uno de ellos matará a dos hombres y a una mujer durante su estadía en esas comarcas chilenas.
A fines de septiembre, Darwin se enferma. Por la fiebre, debe guardar cama en Valparaíso hasta fines del mes siguiente. Aun así, consigue mandar un lote de especímenes a Inglaterra. Tras haberse recuperado, se entera de que el capitán FitzRoy padeció una depresión. Quedó agotado por el exceso de trabajo y la reprobación del Almirantazgo debido a la adquisición del Adventure, barco de refuerzo que FitzRoy había comprado sin avisar a sus superiores. ¡Hasta le ordenó a uno de sus lugartenientes que lo sustituyera como capitán del Beagle, acabara el mapeo de las costas sureñas, se dirigiera hacia el Cabo de Hornos y regresara directamente a Inglaterra! Afortunadamente, el lugarteniente rehusó ejecutar la orden. De no ser así, la teoría de la selección natural quizás nunca hubiera nacido… Finalmente, el capitán se recupera y el velero sale de Valparaíso el 10 de noviembre para regresar a las Islas Chiloé.
El 21 de noviembre, el velero echa anclas en la bahía de San Carlos, capital de las Islas Chiloé. Éstas, azotadas por la tormenta, están cubiertas por selvas pantanosas y a menudo impenetrables. Unos días después, el volcán Osorno se pone a escupir torrentes de fuego… Darwin se encuentra con indios isleños muy pobres, algunos convertidos al cristianismo. No obstante, se murmura que éstos siguen practicando ceremonias extrañas dentro de cavernas en las cuales conversarían con el diablo. El joven naturalista observa la fauna y la flora de las diferentes islas del archipiélago. Descubre una especie de enorme ruibarbo agreste, laureles odoríferos, cedros rojos, pinos alerce, hayas meridionales desmedradas y un zorro, aparentemente, nativo. A mediados de diciembre, el buque penetra en el archipiélago de Chonos, al sur de las Islas Chiloé. Durante una espléndida excursión, encuentra huellas que prueban la existencia de seres humanos en esta comarca deshabitada. Descubrirá la razón unos días más tarde. Los exploradores se encuentran cara a cara con marineros que han abandonado un ballenero americano. ¡Llevan errando quince meses en la costa sin saber donde están! La tripulación les acoge a bordo del Beagle salvándolos de una muerte segura.
Una enésima tormenta marcará, como era de esperar, el nuevo año 1835. El pésimo tiempo no impide al valiente naturalista multiplicar las observaciones detalladas: manadas de focas fétidas, buitres listos para comer los cadáveres, cisnes de cuello negro, cormoranes, charranes , gaviotas, nutrias y castores, pájaros labradores, muchos petreles, campos de fucsias, etc.
El 18 de enero, el velero vuelve a la bahía de San Carlos, en las Islas Chiloé. Al día siguiente, ¡Darwin asiste a la erupción del Osorno! Descubrirá después que varios volcanes de esta parte de América Latina entrarán en erupción el mismo día, llevándole a interrogarse sobre la existencia de una comunicación subterránea. El 4 de febrero, los exploradores se dirigen hacia Valdivia, en la costa chilena, donde se enfrentan a… un terremoto.



Etapa 9
Del 4 de febrero al 7 de septiembre de 1835
El 4 de febrero de 1835, el Beagle sale de las islas Chiloé y cuatro días después, llega a Valdivia, en la costa chilena. El 20 a las 11:30 h de la mañana, un repentino y violento terremoto sacude a la ciudad. Las casas de madera tambalean fuertemente, el nivel del mar sube como si hubiera una gran marea y los habitantes, aterrorizados, se precipitan hacia las calles. La mayor parte del seísmo sólo dura dos minutos, pero los daños son considerables. En los alrededores, la situación no es mejor. Una inmensa ola destruyó casi totalmente la ciudad de Talcahuano, las casas de Concepción están en ruinas, la costa entera está cubierta por vigas y muebles, los peñascos quedan destrozados, las tierras levantadas… y se lamentan muchos muertos.
El acontecimiento le ofrece a Darwin un tema de estudio inesperado. En efecto, observa fragmentos de roca cubiertos de restos marinos que el temblor desplazó muy lejos de la costa. Relacionando este fenómeno con el de la presencia de los caracoles que observó a gran altitud en la Cordillera de los Andes, Darwin comprueba con certeza que estas montañas provienen tanto de una gran elevación del suelo provocada por sucesivos sismos del mismo tipo, como de un levantamiento imperceptible y muy lento. Al enterarse de que algunos volcanes entraron en erupción durante el sismo y que la isla de Juan Fernández, ubicada a 576 kilómetros, también tembló violentamente, el naturalista emite de nuevo la hipótesis de una comunicación subterránea.
El 11 de marzo, el velero echa anclas en Valparaíso, en la costa chilena. Charles aprovecha la ocasión para multiplicar las excursiones en los Andes. El oxígeno cada vez más escaso y el viento glacial dificultan la ascensión de esos picos cubiertos de nieves perpetuas. Pero Darwin olvida rápidamente este mal de alturas cuando descubre la presencia de conchas fósiles a gran altitud, ya que son nuevas pruebas del origen marino de la Cordillera. Existe una prueba aún más convincente: ¡la presencia de residuos de lavas submarinas a más de 2 000 metros de altitud! También le sorprende la diferencia de la fauna y de la flora entre las vertientes montañosas del Pacífico y del Atlántico. En efecto, esta barrera natural parece haber generado el desarrollo de especies muy diferentes en las dos vertientes.
El 27 de abril, Darwin empieza una segunda serie de excursiones hacia el norte, desde la pintoresca ciudad de Valparaíso a donde no volverá. Oro, plata, cobre, etc., en la región abundan minas cavadas por los mineros chilenos que son verdaderas ‘bestias de carga’. Se sospecha a veces que durante sus estudios geológicos, Darwin busca metales preciosos. El país está muy afectado por la sequía y la mayor parte de las tierras son desérticas y estériles. Los escasos árboles y matorrales de la región central de Chile son sustituidos poco a poco por plantas muy grandes parecidas a la yuca y los cactos candelabros son reemplazados por unos más pequeños.
A principios de julio, Charles alcanza el Beagle al pie del valle de Copiapo. El 12, la tripulación ancla en el miserable y desértico puerto de Iquique en los alrededores del cual Darwin visita una explotación de salitre. Siete días después, el buque llega a Callao, el puerto de Lima, capital de Perú. Una revolución está sacudiendo el país donde reina una verdadera anarquía política. En efecto, en este periodo, no menos de cuatro partidos armados se disputan el poder. En este contexto, está prohibido adentrarse en el país, por lo cual el naturalista no puede explorar la región y debe cambiar su programa. Envía un lote de especímenes a Inglaterra y visita la ciudad y sus alrededores. Descubre las ruinas de un antiguo pueblo indio. Los restos de las casas, colinas sepulcrales, sistemas de irrigación, cerámicas, telas, joyas y herramientas testimonian la existencia de una civilización avanzada y suscitan su admiración.
El 7 de septiembre, el Beagle deja el puerto de Callao, en dirección del oeste rumbo al archipiélago de las Galápagos. Darwin todavía no lo sabe, pero esta próxima etapa se revelará decisiva para la futura elaboración de su teoría de la selección natural. Pero por ahora, ¡la idea de descubrir estas fascinantes islas del Pacífico lo entusiasma mucho!


Etapa 10
Del 15 de septiembre al 20 de octubre de 1835
El 15 de septiembre, el Beagle divisa las islas Galápagos. Durante un poco más de un mes, los exploradores van a descubrir este archipiélago ecuatorial del Pacífico compuesto por una decena de islas volcánicas cubiertas por millares de cráteres.
El 17, el Beagle atraca en la isla Chatham bajo un calor sofocante. El suelo está constituido por un río de lava basáltica negra rugosa y a veces salpicada por pequeños conos de origen volcánico. A primera vista, sólo escasos arbolillos desmedrados, grandes cactus con formas extrañas, hierbas enfermizas y algunas acacias pueden crecer allí. Sin embargo, en la isla existe vida animal. En efecto, Darwin está intrigado por la existencia de verdaderas rutas que parecen haber sido trazadas por algún animal en busca de una fuente de agua. ¡Al encontrarse cara a cara con dos tortugas inmensas, entiende rápidamente cómo se formaron! Estas tortugas, verdaderos emblemas de las islas Galápagos, son muy numerosas y pueden brindar hasta 100 kilos de carne comestible. Por eso, ¡se requieren a veces entre 6 y 8 hombres para levantar estos animales! Por su parte, Charles intentará, sin éxito, y repetidas veces, mantenerse en equilibrio sobre sus lomos…


El 23, los exploradores acuden a la Isla Santa María , colonizada desde hace seis años por algunas centenas de hombres negros, desterrados de la República del Ecuador por crímenes políticos. Como sus homólogas, la isla se caracteriza por algunos arbolillos en la costa, sustituidos por bosques más verdosos y luego por una linda vegetación de hierbas comunes y de helechos en su cumbre. Aunque existen cerdos y cabras salvajes en los bosques, las tortugas gigantes constituyen el alimento principal de los isleños. Cultivos de papa y banana completan este plato apreciado. Darwin encuentra a un hombre que le asegura que puede saber de qué isla proviene una tortuga, sólo observándola. En ese momento, no presta mucha atención a ese comentario.
El 29, el buque llega a la costa de la Isla Isabela cubierta de lava solidificada y poblada por grandes lagartos negros acuáticos. Éstos, que pueden medir hasta cuatro pies de longitud, son los únicos lagartos del mundo capaces de alimentarse de plantas acuáticas. Otra particularidad de estos animales es que resultarán más grandes en la isla que en otro lugar… Darwin estudia también numerosos lagartos repugnantes de color castaño amarillento, muy lentos, ¡y que pueden pesar hasta 15 libras! Esta especie terrestre se alimenta de bayas, hojas de acacias y sobre todo de cactus… El 8 de octubre, Darwin y algunos hombres desembarcan en la Isla San Salvador donde se encuentran con un pequeño grupo de españoles. Éstos pescan, secan el pescado y también salan tortugas. Durante esta escala, el naturalista solo se alimenta de la carne de este reptil. En esta isla, también poblada por lagartos de color castaño amarillento que generan tantos hoyos en el suelo que dificultan la fijación de las tiendas de campaña, la temperatura supera 40°C. En esta costa abrasadora solo logran desarrollarse arbolillos sin hojas. Más en altitud, el aire es menos sofocante y la vegetación más acogedora; incluso hay algunas praderas. Allí como en todas las otras islas del archipiélago, las partes altas, más cerca de las nubes, son más húmedas y fértiles que las partes bajas.
Así, en un poco más de un mes, Charles recolecta no menos de 193 especies de plantas, 26 de aves terrestres, 17 de caracoles, 15 de peces marinos, 11 de aves zancudas y acuáticas, reptiles, insectos, etc. Pero detrás de estas cifras impresionantes se esconde una realidad mucho más sorprendente todavía: muchas de estas especies son únicas en el mundo. Más increíble todavía, algunas de estas existen en una isla del archipiélago y no en las otras. De esta forma, cada isla parece haber generado especies que se adaptaron específicamente a su medio ambiente. El ejemplo de los pinzones es muy revelador: estas aves que tienen impresionantes similitudes morfológicas se diferencian en varios detalles como la forma y el tamaño de su pico. Darwin comprenderá que el aislamiento de estas aves en las islas ha generado variaciones probablemente ligadas a diferentes modos de vida y costumbres alimentarias aunque provengan de una única población de origen continental. Este descubrimiento, entre otros, contribuirá a elaborar su teoría de la selección natural y a evidenciar el mecanismo por el cual las especies evolucionan adaptándose a su medio ambiente.
Pero hoy es el 20 de octubre de 1835 y el Beagle zarpa con rumbo a Tahití.



 

Etapa 11
Del 15 de noviembre de 1835 al 14 de marzo de 1836
Después de una travesía de más de 5 000 kilómetros desde las Islas Galápagos, el Beagle llega a Tahití el 15 de noviembre de 1835. En la costa abundan cocoteros, bananeros, naranjos, árboles de pan y otros cultivos. En tierra, una multitud de gente recibe con alegría y entusiasmo a los exploradores. De entrada, Darwin cae bajo el encanto de este pueblo. Acompañado por guías tahitianos, el naturalista inicia la exploración del interior de la isla que se caracteriza por montañas boscosas llenas de precipicios, barrancos impresionantes y cascadas imponentes. Abundan las plantas salvajes tropicales. Así, descubre el ava, planta embriagadora que los misioneros han erradicado de las áreas habitadas así como han prohibido la venta de alcohol.
Después de una breve parada en Papeete a fines de noviembre, durante la cual se recibe a bordo del Beagle a la reina de Tahití, la tripulación echa anclas el 21 de diciembre en Nueva-Zelanda. El ambiente es muy tranquilo en los pequeños pueblos costeros y la acogida resulta muy distinta de la de los tahitianos. Darwin descubre algunos ‘nuevos zelandeses’ belicosos, sucios y apestosos y mucho menos civilizados que los tahitianos… Afortunadamente, ¡el canibalismo parece estar en vías de extinción!
El interior del país está poco desbrozado y es casi imposible adentrarse en las tierras. Como si fuera poco, el joven Charles añora Inglaterra. Así que se siente aliviado al irse de esta comarca a fines de diciembre. El 12 de enero de 1836, el buque atraca en Sídney. Darwin está subyugado por la capital australiana. Tiene calles largas y limpias, casas amplias, tiendas con mucha mercadería y carreteras de macadán: se parece a los arrabales de Londres. Para él, esta colonia es una prueba del poder inglés… Pero en Nueva Gales del Sur, no todo es de color de rosa. La población está compuesta en parte por ex presidiarios que fueron llevados de Inglaterra. La carrera por el dinero parece ser la única razón de vivir y las enfermedades y los licores europeos diezman a los indígenas. La llegada de los colonos ingleses resulta fatal para la fauna local que constituye la principal fuente de alimentación de los indígenas. Depredados por los galgos, los animales de caza como el emú y el canguro no abundan. Sin embargo, el naturalista observa espléndidos papagayos, blancas cacatúas y extraños ornitorrincos.
El 5 de febrero, el velero llega a Hobart Town en Tasmania, un trozo de tierra aislado en el sur de Australia. Allí florece la agricultura gracias a la humedad. Al pie del Monte Wellington se extienden prósperos cultivos de trigo y papa, jardines llenos de hortalizas y árboles frutales, y abundantes pastos. La otra particularidad es que todos los indígenas de la región han sido deportados a otra isla. El 6 de marzo, el Beagle echa anclas en el estrecho del Rey Jorge, al suroeste de Australia. El país es sólo una inmensa llanura arbolada entrecortada por colinas de granito totalmente desnudas. Los exploradores deciden quedarse muy poco tiempo allí.
El 14 de marzo, ponen rumbo a las Islas Cocos, perdidas en el Océano Índico.


Etapa 12
Del 1 de abril al 9 de mayo de 1836
El 1 de abril de 1836, el Beagle se acerca a las islas Cocos, en el Océano Indico, cuyo nombre se refiere a los bosques de cocoteros que constituyen el principal recurso de estos atolones poblados por malayos y algunos ingleses. El resto de la isla está constituido por una vegetación bastante densa pero que presenta un número muy limitado de especies. Algunas de ellas, tales como el árbol de jabón y el ricino, provienen de Java y Sumatra. A Darwin le impresionan estas semillas que lograron germinar después de haber recorrido distancias probablemente superiores a 4 000 kilómetros. En cuanto a la fauna, la lista de los animales terrestres es aún más limitada que la de las plantas. Sin embargo, el naturalista registra una especie de rata originaria de la isla Mauricio, tortugas, algunas aves, cangrejos, un pequeño lagarto, trece especies de insectos y numerosas arañas. En cambio, el océano que rodea las islas esconde una vida abundante. Darwin observa magníficos peces de color azul-verdoso que solo se alimentan de corales, gigantescas conchas de Chamas y también numerosos zoófitos de colores y formas increíbles.
Pero lo que realmente apasiona al joven Charles es el origen de estas islas coralinas. Una pregunta lo atormenta más especialmente: ¿sobre qué sustrato viven los pólipos, animales que forman los arrecifes que constituyen los atolones? En efecto, al no poder vivir a grandes profundidades, estos animales marinos muy particulares necesitan obligatoriamente fijar sus construcciones sobre algún sustrato… A fuerza de observaciones, Darwin llegará a la conclusión de que los pólipos se desarrollan en tierras que antes estaban emergidas y que se hundieron probablemente de manera muy lenta bajo el nivel del mar. ¡Cada atolón sería, pues, un monumento erigido en una isla actualmente desaparecida! El tema le apasionará tanto que al volver a Inglaterra, publicará un libro totalmente dedicado a este proceso. Por ahora, está sencillamente subyugado por la lucha incesante entre la tierra y el agua cuyo testimonio es la formación de estos arrecifes coralinos.
El 12 de abril, los exploradores dejan las islas Cocos para llegar a la isla Mauricio el día 29. Desde el principio, Darwin cae bajo el encanto del armonioso paisaje. En primer plano, la llanura de los Pomelos está coloreada por inmensos campos de caña de azúcar verde brillante. Más en el interior de las tierras, unas bonitas nubes blancas se aferran a las cimas de las montañas boscosas y basálticas. En el centro, se eleva una meseta ovalada formada por ríos de lava y bordeada de cráteres. Sin embargo, Charles Darwin no encuentra en la isla Mauricio tanto encanto como en la de Tahití. Pasea también por la gran ciudad de Puerto Luis con calles limpias y regulares, una población indígena tranquila, librerías bien provistas e incluso un teatro precioso. Aun bajo dominación inglesa, la isla de Francia, como se la llamaba antes, sigue impregnada por la cultura francesa. A pesar de ser poco estimado por los residentes franceses, el gobierno inglés parece haber contribuido a la prosperidad del país.
Es el 9 de mayo y ha llegado la hora de partir: el Beagle zarpa de Puerto Luis y se dirige hacia el Cabo de Buena Esperanza, situado en la punta meridional de África del sur.



Etapa 13
Del 31 de mayo al 2 de octubre de 1836.

Los exploradores llegan el 31 de mayo de 1836 al Cabo de Buena Esperanza donde descubren un paisaje deprimente. De hecho, en el pueblo de Bahía Simón sólo se encuentran casas monótonas, muy pocos jardines y casi ningún árbol. Sin embargo, los alrededores de Ciudad del Cabo son más acogedores e incluso la ciudad presenta un estilo bien británico. Pero lo que más parece gustarle a Darwin durante esta escala son sus conversaciones con Sir John Herschel, astrónomo y filósofo inglés que vive en el Cabo. ¡Ambos están lejos de imaginar que un día, serán enterrados, uno al lado del otro, en la abadía de Westminster, en Londres!
El 18 de junio, el Beagle zarpa hacia Santa Elena donde llega el 8 de julio. Esta isla perdida en medio del Atlántico Sur se erige abruptamente del océano, tal como un inmenso castillo negro. Charles se instala cerca de la tumba de Napoleón a partir de la cual explora los alrededores a pesar de los vientos violentos y de los frecuentes chaparrones. Sus observaciones le hacen pensar que esta isla volcánica, con picos montañosos que forman parte de un inmenso cráter cuyo lado meridional fue azotado por el mar, es geológicamente muy antigua. En la parte alta de la isla, el naturalista registra antiguas especies de caracoles terrestres. Según él, la extinción de éstas se debe a la introducción en la isla de cerdos y cabras que han destruido los bosques que les servían de hábitat. En las partes bajas de la isla, varias plantas importadas de Inglaterra también invadieron el ecosistema.
El 14 de julio, el buque pone rumbo al noroeste y ancla cinco días después en la desolada isla volcánica de Ascensión. A Darwin le interesan las ratas más pequeñas que tienen un pelaje diferente del de la rata común. Darwin piensa que se trata de especies introducidas que se volvieron salvajes y cuyas características cambiaron para adaptarse a las condiciones insulares. ¡He aquí una nueva prueba de la evolución después de sus hallazgos en las islas Galápagos! La geología de este lugar también despierta su curiosidad, en particular las ‘bombas volcánicas’, masas de lava que fueron proyectadas al aire y que se solidificaron en forma esférica. Pero su entusiasmo llega al paroxismo cuando recibe una carta de sus hermanas anunciándole que algunos de sus colegas quieren que participe en el areópago de los grandes científicos. Loco de alegría, Darwin se pone a escalar las montañas de la isla saltando y golpeando las rocas volcánicas con su martillo de geólogo. Para este joven naturalista, la Historia ya está en marcha…
El 23 de julio, el capitán FitzRoy decide regresar a Bahía para completar las observaciones cronométricas realizadas al principio del periplo. Esto desconcierta a ciertos miembros de la tripulación que están ahora muy deseosos de volver a Inglaterra, lo antes posible. Por el contrario, Darwin está contento de ver, por última vez, la belleza de la naturaleza tropical. La costa brasileña se alcanza el primer día de agosto. El 19, la tripulación inicia su regreso definitivo a Inglaterra que será entrecortado por dos muy breves escalas en los archipiélagos de Cabo Verde y de las Azores.
El 2 de octubre de 1836, el Beagle entra en el puerto inglés de Falmouth tras un periplo de cuatro años, nueve meses y cinco días.



Etapa 14
Tras la vuelta del Beagle
Después de este excepcional viaje alrededor del mundo, Charles Darwin se instala en Londres y se casa el 29 de enero de 1839. Tendrá diez hijos con su esposa, Emma Wedgwood. Publica su diario de viaje, conocido como El viaje del Beagle que tendrá un éxito muy superior al del informe de la expedición escrito por el capitán FitzRoy. De hecho, FritzRoy le guardará cierto rencor.
Este éxito permite a Darwin acceder al puesto de secretario de la Geological Society. Como sufre de náuseas, vértigos, insomnio y debilidad crónicos, Darwin decide mudarse a un pequeño pueblo del condado de Kent en 1842. Nunca se descubrirá la causa de su enfermedad. Lleva una vida campestre y estudia de manera metódica el material que trajo de su periplo. Como solía hacerlo a bordo del Beagle, anota cada día sus observaciones en un pequeño cuaderno amarillo, ritual que conservará hasta su muerte, en 1882.
Aunque está convencido de la existencia de una selección natural desde su regreso en 1836, necesitará más de 20 años para organizar su trabajo. Durante el verano de 1858, un acontecimiento acelerará las cosas. En efecto, el naturalista Alfred Wallace le envía, para conocer su opinión, un proyecto de artículo en el que expone esencialmente las ideas que Darwin había formulado, desde hacía mucho tiempo, pero que no había publicado todavía. Este acontecimiento acelera la publicación de El origen de las especies en 1859, obra que obtiene un éxito inmediato. Al exponer el mecanismo por el cual las especies evolucionan adaptándose a su medio ambiente, esta obra pone en tela de juicio el dogma religioso de la Creación y provoca una fuerte polémica, que sigue generando, en la actualidad, debates animados en la sociedad.


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