Darwin, el viaje de un naturalista alrededor del mundo

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Le voyage de Darwin

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Del 15 de noviembre de 1835 al 14 de marzo de 1836
Tahití, Nueva-Zelanda, Australia, Tasmania


Después de una travesía de más de 5 000 kilómetros desde las Islas Galápagos, el Beagle llega a Tahití el 15 de noviembre de 1835. En la costa abundan cocoteros, bananeros, naranjos, árboles de pan y otros cultivos. En tierra, una multitud de gente recibe con alegría y entusiasmo a los exploradores. De entrada, Darwin cae bajo el encanto de este pueblo. Acompañado por guías tahitianos, el naturalista inicia la exploración del interior de la isla que se caracteriza por montañas boscosas llenas de precipicios, barrancos impresionantes y cascadas imponentes. Abundan las plantas salvajes tropicales. Así, descubre el ava, planta embriagadora que los misioneros han erradicado de las áreas habitadas así como han prohibido la venta de alcohol.

Después de una breve parada en Papeete a fines de noviembre, durante la cual se recibe a bordo del Beagle a la reina de Tahití, la tripulación echa anclas el 21 de diciembre en Nueva-Zelanda. El ambiente es muy tranquilo en los pequeños pueblos costeros y la acogida resulta muy distinta de la de los tahitianos. Darwin descubre algunos ‘nuevos zelandeses’ belicosos, sucios y apestosos y mucho menos civilizados que los tahitianos… Afortunadamente, ¡el canibalismo parece estar en vías de extinción!

El interior del país está poco desbrozado y es casi imposible adentrarse en las tierras. Como si fuera poco, el joven Charles añora Inglaterra. Así que se siente aliviado al irse de esta comarca a fines de diciembre. El 12 de enero de 1836, el buque atraca en Sídney. Darwin está subyugado por la capital australiana. Tiene calles largas y limpias, casas amplias, tiendas con mucha mercadería y carreteras de macadán: se parece a los arrabales de Londres. Para él, esta colonia es una prueba del poder inglés… Pero en Nueva Gales del Sur, no todo es de color de rosa. La población está compuesta en parte por ex presidiarios que fueron llevados de Inglaterra. La carrera por el dinero parece ser la única razón de vivir y las enfermedades y los licores europeos diezman a los indígenas. La llegada de los colonos ingleses resulta fatal para la fauna local que constituye la principal fuente de alimentación de los indígenas. Depredados por los galgos, los animales de caza como el emú y el canguro no abundan. Sin embargo, el naturalista observa espléndidos papagayos, blancas cacatúas y extraños ornitorrincos.

El 5 de febrero, el velero llega a Hobart Town en Tasmania, un trozo de tierra aislado en el sur de Australia. Allí florece la agricultura gracias a la humedad. Al pie del Monte Wellington se extienden prósperos cultivos de trigo y papa, jardines llenos de hortalizas y árboles frutales, y abundantes pastos. La otra particularidad es que todos los indígenas de la región han sido deportados a otra isla. El 6 de marzo, el Beagle echa anclas en el estrecho del Rey Jorge, al suroeste de Australia. El país es sólo una inmensa llanura arbolada entrecortada por colinas de granito totalmente desnudas. Los exploradores deciden quedarse muy poco tiempo allí. El 14 de marzo, ponen rumbo a las Islas Cocos, perdidas en el Océano Índico.

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